Negro y blanco...

| 28 septiembre 2011 | |
El mes pasado acompañé a mi mamá a hacer el pago del teléfono, como de costumbre, días antes de la fecha de vencimiento y en el servicio que tienen de ventanilla para autos. La semana siguiente, nos llega la llamada automatizada de Telmex donde nos piden pagar antes de que nuestra línea sea suspendida. Nos causó sorpresa, pues ya habíamos pagado por lo cual, de cierta forma, ignoramos la llamada. 

Después, ese mismo día, ya no pudimos realizar llamadas, por lo cual fuimos a reclamar… o a aclarar las cosas, como quieran verla. Nos atendió el encargado de la sucursal de Mahatma Gandhi, un tipo arrogante, al que no se le podía explicar prácticamente nada. Dijéramos lo que fuera, habíamos de ser nosotros los responsables de la situación. Por ejemplo, el siguiente diálogo: 

- ‘El pago se hizo a otro número que no es el nuestro’ 
- ¿Qué no se sabe su número telefónico? Le dijo a mi mamá el muy desgraciado 
- Claro que me lo sé, pero no se lo día a la señorita, porque usó el lector láser para leer el código del recibo. 
- ¿Señorita?, entonces, ¿por qué el recibo de pago dice que la atendió un hombre? 
- Pues fíjese, -dijo mi madre-, otra inconsistencia más. 
- Este recibo no me dice nada, bien pudo, –refiriéndose a mi mamá-, haberlo buscado en los botes de basura, no sabe cuánta gente lo hace…
- ¡Ah! Entonces me está llamando mendiga, ¿qué me puedo ganar con tener un recibo que, ni está a mi nombre y no cubre lo que debo de teléfono? 
- Pues no sé Señora… 

La ‘conversación’ sigo en el mismo tenor, no pudimos hacer cambiar la imagen de pepenadores que él tenía de nosotros. Es más, ni nuestra cuenta quiso revisar, para que viera que los pagos siempre han sido en tiempo y forma. SIEMPRE

Sólo se limitó decir: 

- Mire, no voy a perder el tiempo revisando las veinte mil cuentas que tengo a mi cargo 
- No, no le digo eso, le dijo que revise MI cuenta. 
 - No, no puedo hacer eso… 

Total, ese día perdimos DOS horas hablándole a una pared terca.
Lo único a lo que se pudo ‘comprometer’ fue a ‘investigar’, para ver cuál podría ser la solución, sin darnos la esperanza de que todo fuera resuelto a nuestro favor, pero que dicha investigación le tomaría entre tres y cinco días… ¡ah!, pero que ni esperáramos encontrarlo a él, porque no estaría esa semana. Total, lo único que con seguimos fue no poder hacer ni recibir llamadas. 


Regresamos en el periodo que nos dijo, nos atendió –obviamente- otra persona. 

Le platicamos cómo había sido la situación con el pago y con el otro encargado. Y él no dejaba de repetir ‘¿cuál es el problema?, ¡no entiendo!' Y yo, empezaba a pensar en cómo partirle la madre. 

- ¡No entiendo! –repitió por enésima vez-, esto se resuelve en cinco minutos y con una llamada - y así fue-. 

Lo único que hizo fue hacer lo siguiente: 

1. Revisar nuestro recibo 
2. Introducir nuestro número telefónico 
3. Revisar el número telefónico al cual fue abonado nuestro, que resultó ¡estar dado de baja! –curiosamente, ese número tiene varios abonos, a pesar de no existir (¿alguna tranza?)- 
4. Llamar a sabrá Dios qué oficina para saber a qué correo electrónico debía mandar la solicitud de traspaso de cuenta a cuenta. 
5. Pedirnos que pagáramos la diferencia 
6. En quince minutos, ya teníamos línea telefónica nuevamente. 

¡Qué diferencia!, ¿no? De inmediato se nota qué trabaja por gusto –de buena gana y con educación- a lo que hace y quién lo hace sólo por estar obligado y con un carácter de la chingada. 

Desafortunadamente, el maleducado jamás dio su nombre, por lo cual no lo puedo quemar como debe de ser. Y el de su contraparte, es Israel. 

Cheers!

1 Opiniones:

Mish Says:
jue. sep. 29, 12:26:00 a.m.

Que viejo tan idiota me cae que si...

Ojalá en todos los que atienden esta clase de lugares fueran buena onda como el chavo que finalmente arregló el problema...y ojalá nos pagaran por equivocación...

Era raro no tener teléfono...aunque casi nunca hablamos..ajajaja

Saluditos!