Para mi psicólogo II

| 07 diciembre 2010 | |
Hace años, a mediados de los noventa, por primera vez subí a un avión, en sí, el trayecto fue corto, tanto que ni tiempo tuve de asimilar esa nueva y volátil experiencia como imagino que es para la mayoría de la gente.

Para la siguiente ocasión el trayecto sería más largo y con escalas. Aguascalientes - México - Cancún y de retache. Salir del aeropuerto local me puso algo nervioso, el de México aún más pero nada se compara con las rutas de regreso, la que considero la raíz de mi miedo a volar.



Como todos los trayectos habían sido hasta ese momento tranquilos no conocía aún las mentadas turbulencias; de Cancún a México tuve el desagrado de conocerlas y peor aún, sentirlas.

Sin recurrir a mi lado mitómano recuerdo perfecto que fueron tan fuertes que sentí tocar el techo del avión con mi cabeza, bueno, quizás si exagero un poco [sólo un poco], pero en lo que no exagero es en la apariencia cuasi cadavérica y  las miradas de terror que tenían en ese momento las sobrecargos, en un descuido harían palidecer al mismísimo Gasparín.


Creo que de milagro no me oriné sólo porque estaba en shock.
Para la siguiente ocasión que viajé en avión el sólo pensar en éste me ponía los nervios de punta y más siendo un viaje tan largo. Otra vez, salir del aeropuerto de aquí me incomodó levemente, al fin y al cabo era el primer trayecto.

El siguiente vuelo tenía su punto de salida en la Cuidad de México con destino a Francia

Recuerdo haber abordado, tomado mi lugar y de inmediato colocarme el cinturón de seguridad. Volteaba con ansia buscando alguna cara que reflejara el mismo terror que el que yo sentía en ese momento, no tuve éxito.

Ubicaban al avión en su pista correspondiente, mi corazón latía con fuerza, avanzábamos y mis latidos casi se igualaban a la velocidad de la aeronave, cuando se disponía a alzar vuelo, me aferré fuerte al asiento y lágrimas empezaron a recorrer mis mejillas. 

Sólo pensaba en las trece horas de vuelo y en el insomnio que me agarra cada que viajo. Una verdadera tortura. Autotortura cuando se trata de ponerse paranoico con cada sonido poco familiar en pleno vuelo, '¿y si se está desarmando una ala?', '¿y si ese ruido es el de un motor fallando?', '¿funcionarán las mascarillas y los chalecos salvavidas?'...

En mi último vuelo, que fue en un avión pequeño, la sensación fue hasta claustrofóbica y más tomando en cuenta que entre los pasajeros venía Ninel Conde en su plan de insoportable y mamona. 

¿Así o más razones para temerle a volar?

Cheers!

1 Opiniones:

Mish Says:
mar. dic. 07, 11:32:00 p.m.

Me gustó este post....

Jajajaa...a mi también me pasa lo mismo...volteo a ver a la gente y todo mundo está de lo más tranquilo...creo que los únicos paranoicos somos nosotros...:S

Siiiii! con su arrogancia llenó el avión....

Que nos tendrá el próximo "para mi psicólogo..."?

Saluditos!